La estación General Urquiza de la Línea E del Subte cerró sus puertas el lunes 3 de agosto para dar inicio a una importante obra de renovación integral que buscó modernizar su infraestructura, mejorar las condiciones de accesibilidad y brindar una experiencia de viaje más confortable para miles de pasajeros. La intervención, prevista para extenderse durante aproximadamente tres meses, formó parte del Plan de Renovación Integral de Estaciones impulsado por Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), una iniciativa que continuó transformando distintas paradas de la red porteña.
El cierre permitió desarrollar tareas de mayor complejidad que hasta ese momento se habían ejecutado únicamente fuera del horario habitual de funcionamiento del servicio. Con la estación sin circulación de pasajeros, las cuadrillas avanzaron sobre una amplia variedad de trabajos destinados a actualizar instalaciones que presentaban un importante desgaste producto de los años de uso.
Entre las principales tareas realizadas se incluyeron la impermeabilización de distintos sectores, la pintura integral de la estación, el recambio total de los pisos y la incorporación de nueva iluminación LED, una tecnología que permitió mejorar significativamente la visibilidad en andenes, accesos y espacios comunes, al tiempo que redujo el consumo energético.
El proyecto también contempló la renovación completa de la señalética para facilitar la orientación de los usuarios, además de la colocación de señalización en sistema Braille sobre pasamanos y pórticos, una medida orientada a fortalecer la accesibilidad para personas con discapacidad visual.
La modernización alcanzó además el mobiliario del andén, donde fueron incorporados nuevos bancos, cestos para residuos y apoyos isquiáticos, elementos que mejoraron la comodidad de los pasajeros durante la espera del servicio.
Uno de los aspectos técnicos más relevantes de la obra estuvo relacionado con la impermeabilización. Los trabajos incluyeron la inyección de materiales especiales, el tratamiento de juntas estructurales y la utilización de productos de última generación destinados a eliminar filtraciones y prolongar la vida útil de la estación. Como complemento, el techo recibió un nuevo revestimiento de aleación de aluminio y zinc con propiedades anticorrosivas, diseñado para canalizar correctamente el agua de lluvia y evitar futuros inconvenientes provocados por la humedad.
Las intervenciones abarcaron prácticamente todos los espacios de circulación, desde los accesos hasta las galerías de escaleras, tanto peatonales como mecánicas, pasando por los vestíbulos y los andenes. El objetivo consistió en optimizar la circulación interna y convertir la estación en un ámbito más ordenado, seguro, luminoso y funcional para quienes utilizan diariamente el transporte subterráneo.
La obra presentó además un desafío adicional debido al valor patrimonial de la estación. General Urquiza contaba con una declaratoria de protección histórica, motivo por el cual los trabajos sobre sus murales fueron realizados por un equipo especializado de restauradores profesionales. Las tareas se desarrollaron respetando estrictamente los criterios técnicos establecidos por los organismos responsables de la preservación del patrimonio cultural de la Ciudad de Buenos Aires y de los bienes históricos nacionales.
La restauración buscó recuperar el valor artístico original de las piezas sin alterar sus características, permitiendo preservar un importante patrimonio cultural que forma parte de la identidad histórica de la red de subterráneos porteña.
El cierre de General Urquiza se sumó a una política de renovación que ya había permitido poner en valor veinte estaciones distribuidas en distintas líneas del sistema. Durante los últimos años fueron renovadas estaciones de las líneas A, B, C, D y E, además de diversos paradores del Premetro, en una estrategia destinada a modernizar progresivamente la infraestructura del transporte subterráneo.
Mientras avanzaban los trabajos en General Urquiza, también permanecía cerrada la estación Tribunales de la Línea D, donde continuaban ejecutándose obras similares. Paralelamente, se encontraban previstas futuras intervenciones en otras estaciones de las líneas A, B, C y E, entre ellas Alberti, Pasco, Sáenz Peña, Medrano, Ángel Gallardo, Dorrego, Lavalle, Independencia y Entre Ríos.
Las obras formaron parte de un plan de modernización mucho más amplio impulsado dentro del Sistema Integrado de Movilidad Urbana de la Ciudad de Buenos Aires. Ese programa incluyó además el avance del proceso licitatorio para la futura Línea F, la adquisición de 224 coches nuevos destinados a renovar completamente la flota de la Línea B y mejorar las frecuencias de las líneas A y C, la sustitución de 84 escaleras mecánicas que habían quedado obsoletas y la incorporación de nuevos ascensores para ampliar la accesibilidad.
Con estas inversiones, la Ciudad continuó apostando a la modernización de la red de subterráneos, buscando ofrecer un servicio más eficiente, seguro y accesible. El cierre temporal de General Urquiza representó una etapa necesaria dentro de ese proceso de transformación, que procuró recuperar infraestructura histórica, incorporar tecnología moderna y adecuar las estaciones a las necesidades actuales de los usuarios del transporte público.
