En pleno corazón del casco histórico porteño, donde cada calle parece guardar fragmentos de la memoria urbana, la Casa Blaquier volvió a ocupar un lugar central en la reconstrucción del pasado de la Ciudad. Durante el mes de marzo se iniciaron las obras de excavación arqueológica en este predio ubicado en Defensa 163/77, recientemente restituido al patrimonio público, y considerado uno de los espacios más antiguos de Buenos Aires.
El inicio de los trabajos marca un nuevo capítulo en la valorización del patrimonio histórico porteño. A partir de esta intervención, la Casa Blaquier se suma a una red de sitios arqueológicos clave como La Noria, Barraca Peña, Virrey Liniers —también conocida como la Casa del Historiador— y La Cisterna, todos bajo la órbita del Ministerio de Cultura de la Ciudad. En conjunto, estos espacios permiten reconstruir aspectos de la vida cotidiana, las prácticas sociales y los procesos de transformación urbana desde los primeros tiempos de la fundación.
La relevancia histórica del predio se remonta a los orígenes mismos de Buenos Aires. Su primer propietario fue Alonso Escobar, integrante de la expedición de Juan de Garay en la segunda fundación de la ciudad en 1580. Posteriormente, el terreno estuvo vinculado a la Compañía de Jesús, orden religiosa que tuvo una fuerte influencia en el desarrollo educativo, cultural y territorial de la época colonial. Con el paso de los siglos, la propiedad cambió de manos y fue habitada por distintas familias, entre ellas las de Lucía de Herrera y Esteban Villanueva, reflejando las transformaciones sociales del período.
Ya entrado el siglo XX, en 1925, el inmueble fue adquirido por José Blaquier con el objetivo de adaptarlo a una modalidad habitacional accesible. La antigua casona fue reformada en departamentos con cocinas privadas y amplios patios, configurando un modelo de vivienda multifamiliar que acompañó la llegada de inmigrantes a la ciudad. En 1954, la Municipalidad de Buenos Aires incorporó el predio a su patrimonio junto al edificio lindero conocido como Altos de Elorriaga. Desde entonces, el lugar atravesó diversos usos: funcionó como espacio comercial, albergó un bodegón y, a partir de la década de 1980, sufrió procesos de ocupación informal que deterioraron su estructura original.
Hoy, con su recuperación y puesta en valor, la Casa Blaquier se convierte nuevamente en objeto de estudio y preservación. El equipo interdisciplinario a cargo de las excavaciones —integrado por arqueólogos y paleontólogos— comenzó sus tareas a partir de un sondeo inicial que permitió identificar una estructura subterránea de gran interés: una cámara rectangular cubierta por una bóveda, construida con ladrillos unidos con barro. El espacio, de 1,82 metros de largo por 1 metro de ancho, permanecía sellado y constituye uno de los primeros hallazgos significativos de la intervención.
En apenas dos metros de excavación, los especialistas lograron recuperar una variedad de objetos que aportan información valiosa sobre las prácticas cotidianas de épocas pasadas. Entre los elementos hallados se destacan fragmentos de mayólica —cerámica decorada de origen europeo—, piezas de cerámica vidriada, una pipa de caolín, canicas, cuentas y botones. A estos se suman restos óseos de pequeño tamaño, correspondientes tanto a aves de caza, como perdices, como a peces, lo que sugiere hábitos alimentarios de los antiguos habitantes del lugar.
Uno de los aspectos más llamativos de los descubrimientos es la presencia de huesos con marcas de corte realizadas con herramientas manuales, un indicio que permite establecer una cronología coherente con los períodos históricos asociados al sitio. Este tipo de evidencia contribuye a reconstruir no solo qué se consumía, sino también cómo se procesaban los alimentos en contextos domésticos de siglos anteriores.
Los trabajos continuarán en las próximas semanas con la excavación de una segunda cámara similar, ubicada a pocos metros de la primera, en una habitación contigua. Se espera que este nuevo sondeo permita ampliar la información disponible y profundizar el conocimiento sobre las distintas etapas de ocupación del predio.
La intervención en la Casa Blaquier no solo busca recuperar objetos del pasado, sino también resignificar el valor del patrimonio urbano como herramienta de identidad y memoria colectiva. Cada fragmento hallado, cada estructura descubierta, aporta una pieza más al complejo rompecabezas de la historia porteña.
En una ciudad en constante transformación, donde el presente avanza muchas veces sobre las huellas del pasado, iniciativas como esta permiten detenerse, mirar hacia abajo y descubrir que, bajo el suelo cotidiano, aún laten las historias que dieron origen a Buenos Aires.
