Este sábado 28 de marzo, la Ciudad de Buenos Aires sumó una propuesta cultural que combina historia, patrimonio y entretenimiento: la reapertura del Museo del Subte – Laboratorio Patrimonial Centenera, un espacio único dedicado a preservar y difundir la memoria del transporte subterráneo porteño. Ubicado en el barrio de Caballito, sobre la avenida del Barco Centenera 777, el lugar volvió a abrir sus puertas con una jornada especial que convocó a familias, curiosos y amantes del transporte a redescubrir uno de los sistemas más emblemáticos de la ciudad.
Desde las 15 y hasta las 20 horas, el público pudo recorrer las instalaciones a través de visitas guiadas y propuestas interactivas pensadas para todas las edades. La iniciativa, impulsada por Subterráneos de Buenos Aires, buscó acercar a los visitantes no solo a la historia del subte, sino también a los procesos técnicos y humanos que hicieron posible su desarrollo a lo largo de más de un siglo.
Uno de los principales atractivos de la jornada fue la posibilidad de ingresar al coche Preston N°4, una verdadera pieza de colección que formó parte de la primera línea de subte inaugurada en 1913. Este coche, integrante de la histórica flota inglesa de la Línea A, permitió a los visitantes experimentar de primera mano cómo eran los viajes en los comienzos del servicio, en una Buenos Aires que daba sus primeros pasos hacia la modernidad urbana.
El recorrido también incluyó distintas postas temáticas que abordaron aspectos clave del funcionamiento del subte, desde las tecnologías utilizadas en distintas épocas hasta los trabajos de restauración que permiten conservar piezas históricas. En ese marco, el Laboratorio de Planos se destacó como uno de los espacios más valiosos del predio: allí se resguardan más de 50 mil planos originales que documentan la evolución de la red desde sus inicios hasta la actualidad.
A su vez, el Laboratorio de Cerámicas ofreció una mirada detallada sobre las tareas de recuperación patrimonial, con la reproducción y restauración de azulejos y piezas características de las estaciones más antiguas. Este trabajo, muchas veces invisible para el usuario cotidiano, resulta clave para mantener la identidad visual del subte porteño.
La muestra patrimonial permanente fue otro de los puntos fuertes de la reapertura. En ella se exhibieron objetos que marcaron distintas etapas del servicio, como antiguos molinetes, cospeles, balanzas, cartelería y documentos históricos. Estos elementos, que quedaron en desuso con el avance tecnológico, hoy adquieren un nuevo valor como testimonio de la transformación del transporte público en la ciudad.
La jornada no se limitó únicamente al museo. Como parte de la propuesta, diversas organizaciones vinculadas al mundo ferroviario se sumaron con actividades especiales. El Círculo Ferromodelista Oeste presentó una exposición de maquetas y modelos a escala que captaron la atención de grandes y chicos, mientras que la Asociación Amigos del Tranvía organizó paseos en tranvía que partieron desde el histórico Taller Polvorín, entre las 16 y las 19 horas, permitiendo revivir otro capítulo fundamental del transporte porteño.
También hubo lugar para talleres de artesanías, espectáculos de música en vivo y espacios de intercambio cultural. Entre ellos, se destacó la charla “El nodo ferroviario de Villa Luro”, a cargo de la especialista Susana H. Boragno, que aportó una mirada histórica sobre el desarrollo ferroviario en la ciudad y su impacto en el crecimiento urbano.
La reapertura del Museo del Subte se consolidó así como una propuesta integral que combina educación, recreación y patrimonio. Pensada para todo público, la iniciativa permitió acercar contenidos complejos de manera accesible y dinámica, despertando el interés por la historia del transporte y su rol en la vida cotidiana de millones de personas. Con este tipo de actividades, la Ciudad reafirma la importancia de preservar su patrimonio y generar espacios de encuentro donde el pasado y el presente dialoguen. El Museo del Subte, en este sentido, no solo recupera la memoria de un sistema clave para Buenos Aires, sino que también invita a imaginar su futuro a partir de la valoración de su historia.
