Con un acto en el Salón Dorado, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires homenajeó el trabajo de UNICEF en sus cuatro décadas en el país, resaltando su compromiso con la infancia y la adolescencia.
El Salón Dorado de la Legislatura porteña fue el escenario elegido para celebrar un aniversario cargado de significado: los 40 años de la llegada de UNICEF a la Argentina. Allí, diputados de la Ciudad, representantes de la organización y referentes vinculados a la niñez compartieron un encuentro que mezcló recuerdos personales, reflexiones y la certeza de que la tarea de defender los derechos de los más chicos es una responsabilidad permanente.
La diputada Manuela Thourte, impulsora del homenaje, fue una de las voces más emotivas de la jornada. “Hice toda mi carrera profesional en UNICEF y todo lo que aprendí se lo debo a UNICEF”, confesó con nostalgia. En su discurso repasó vivencias que marcaron su camino y dejó una frase que resumió la esencia de la organización: “Si trabajas en UNICEF, los gobiernos nacionales de turno siempre piensan que sos opositor y eso es una muy buena señal porque quiere decir que el organismo no baja sus banderas y siempre defiende lo que tiene que defender, que son los niños, niñas y adolescentes”.
La historia de UNICEF en el país comenzó en mayo de 1985, cuando abrió su primera oficina en la sede del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Buenos Aires. Apenas un año después se instaló en un espacio propio y desde entonces se convirtió en un actor clave para acompañar al Estado, a las provincias y a la sociedad civil en políticas y programas destinados a mejorar la vida de niñas, niños y adolescentes.
A escala global, el organismo tiene un recorrido aún más amplio. Fue creado en 1946, en un mundo que trataba de reconstruirse tras la Segunda Guerra Mundial, con la misión de asistir a la niñez golpeada por la posguerra. Hoy trabaja en 190 países y territorios, siempre con foco en los más vulnerables. Ese compromiso le valió en 1965 el Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento que selló su lugar en la historia contemporánea.
En la Argentina, la labor de UNICEF se sostiene en marcos legales de enorme relevancia. La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada en 1989 y ratificada al año siguiente por nuestro país, fue incorporada a la Constitución Nacional en 1994. A eso se suma un Acuerdo Básico firmado con el Gobierno en 1957, que con el correr de las décadas se fue renovando y actualizando a través de los llamados Programas de País. Cada renovación, pautada cada cinco años, establece objetivos concretos que se alinean con los desafíos locales en materia de desarrollo y derechos humanos.
El acto en la Legislatura fue, en definitiva, un momento de reconocimiento a una institución que lleva cuatro décadas acompañando a la Argentina en su desafío más noble: garantizar que cada niño y cada adolescente crezca con derechos, oportunidades y futuro. La emoción que se respiró en el Salón Dorado dejó en claro que la presencia de UNICEF es una apuesta constante a la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
