El sábado 19 de septiembre, Boedo volvió a poner en primer plano una de las características que formaban parte de su identidad cultural: la producción independiente. Durante esa jornada, el barrio fue escenario de una propuesta dedicada a los libros, las publicaciones artesanales, el diseño y los oficios gráficos, con distintas actividades concentradas en el entorno de Castro 919. El encuentro reunió a editoriales, artistas, ilustradores, diseñadores y proyectos vinculados con la impresión y la producción manual, en una jornada que permitió acercarse a una parte activa de la escena cultural porteña.
La propuesta tuvo como uno de sus principales ejes a **Obrerxs de la Edición**, una feria de editoriales artesanales que se desarrolló entre las 16 y las 21 en el espacio Obreros del Diseño. Allí se reunieron libros, fanzines y distintas publicaciones independientes, con una diversidad de proyectos que reflejaron las múltiples formas que podía adoptar la producción editorial por fuera de los grandes circuitos comerciales.
La jornada contó con la participación de Blackbird Zines, Convite Gráfico, Dixit Contenidos, Ediciones Raúl, Fanzines Peronistas, Fulanadibuja, Mercedes Enriquez LRE, José Sin Barba, La Tipa Azul, Lei Bailemos Ediciones, Mapache Artesanal, Sauce Negro, Todas las Riberas e Imprenta Viva, entre otros proyectos. La variedad de propuestas permitió encontrar publicaciones relacionadas con la literatura, la ilustración, el pensamiento, la gráfica y diferentes expresiones de la cultura independiente.
Más que una feria destinada exclusivamente a la venta de libros, la actividad funcionó como una muestra de los procesos que se encontraban detrás de cada publicación. En esos espacios, la edición involucraba diferentes etapas: la selección de textos, la escritura, la corrección, la ilustración, el diseño, la impresión, el plegado, la encuadernación y la distribución. El resultado era una producción en la que el libro o el fanzine no aparecía solamente como un objeto terminado, sino también como expresión de un oficio, una mirada estética y una forma particular de circulación cultural.
El encuentro se completó con la **Feria de Diseño de ODD**, también desarrollada en Obreros del Diseño. Allí convivieron proyectos relacionados con la ilustración, la cerámica, la estampa, los objetos, los cuadernos, la indumentaria y otras disciplinas creativas. Entre los participantes se encontraron Santuario Gres, San Spiga, Mi Cananni DG, Qué Hacés Mapache, Estoy Chocho, Bananuk Cuadernos, Ayma Ghiglione, Julie Jacquemin Ilus, Guillermo Mezza, Eva Ferran, Maiolive, Mareu Atelier, Tomvelos 065 y Tutuca Estampa, además de diferentes proyectos invitados.
La presencia de estas iniciativas permitió ampliar la mirada sobre el concepto de producción cultural independiente. No se trató únicamente de publicaciones impresas, sino de un universo creativo en el que el diseño y los oficios dialogaban permanentemente. Una ilustración podía convertirse en una estampa, una estampa podía formar parte de un libro y un diseño podía transformarse en un objeto. De esa manera, la jornada mostró la estrecha relación entre escritura, imagen, diseño y trabajo manual.
A pocos metros, sobre la vereda, también se desarrolló **La Sociedad del Oficio**, una propuesta realizada junto con Imprenta Cumbre y Risomilpa, con la participación de Mack Arte Impreso, L’Atelier del Bert y El Labo Club. Este espacio puso especialmente el foco en las técnicas gráficas y en los saberes vinculados con la impresión y la producción artesanal.
La concentración de las tres propuestas en una misma zona generó un circuito cultural de pequeña escala, pero de gran diversidad. Durante varias horas, Castro 919 y sus alrededores se transformaron en un punto de encuentro para quienes producían, diseñaban, editaban y consumían cultura independiente. La programación también incorporó cafetería, barra, música con DJ y una instancia de enmarcado en vivo, elementos que contribuyeron a generar un clima de encuentro que fue más allá del recorrido por los puestos.
La relación de Boedo con los libros, las publicaciones y la cultura gráfica tenía una historia extensa. El barrio había quedado asociado desde hacía décadas a una tradición literaria y editorial vinculada con escritores, revistas, editoriales y espacios culturales que habían convertido a la zona en uno de los puntos de referencia de la cultura popular porteña.
Uno de los antecedentes más reconocidos había sido el denominado Grupo de Boedo, vinculado con escritores y publicaciones que habían entendido la literatura como una herramienta de intervención cultural y social. Esa tradición no se reproducía de manera idéntica en el presente, pero determinados rasgos continuaban apareciendo: la circulación de ideas, la producción de publicaciones, el encuentro entre escritores y lectores y la existencia de espacios donde la cultura podía desarrollarse a partir de iniciativas independientes.
En 2026, esa identidad convivía con nuevas tecnologías, redes sociales y formas digitales de comunicación. Sin embargo, el crecimiento de las publicaciones artesanales había demostrado que el papel, la impresión y el trabajo manual continuaban teniendo un lugar dentro de la escena cultural. El fanzine, el libro de tirada reducida, la estampa y las ediciones independientes habían encontrado públicos interesados precisamente en aquello que los diferenciaba de la producción masiva.
En Boedo también se habían desarrollado proyectos relacionados directamente con los oficios gráficos. Talleres, imprentas, editoriales y espacios dedicados al diseño habían contribuido a sostener una escena en la que la producción cultural podía desarrollarse en contacto directo con el barrio y con sus habitantes.
La jornada del 19 de septiembre se inscribió en ese entramado. La actividad no apareció como un hecho aislado, sino como parte de una serie de iniciativas que habían encontrado en Boedo un territorio propicio para desarrollar propuestas vinculadas con la edición, la gráfica y el diseño.
Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue la posibilidad de recorrer diferentes propuestas en un mismo sector. En lugar de concentrar toda la actividad cultural exclusivamente en grandes instituciones, este tipo de encuentros había apostado por espacios más pequeños, talleres, emprendimientos y proyectos autogestionados.
Para el público, esa modalidad permitía establecer un vínculo diferente con quienes producían. Los visitantes podían conocer directamente a los responsables de una editorial, conversar con un ilustrador, observar una técnica de impresión o descubrir una publicación que posiblemente no encontrarían en una librería tradicional.
Para los productores, las ferias representaban además una oportunidad para mostrar sus trabajos, generar nuevos contactos y ampliar la circulación de sus obras. La dimensión comercial estaba presente, pero se combinaba con una lógica de intercambio cultural que resultaba fundamental para los proyectos de pequeña escala.
De esta manera, Boedo había vuelto a funcionar como escenario de una cultura que se construía desde múltiples iniciativas y que encontraba en el barrio espacios concretos para encontrarse con sus lectores y espectadores. La jornada del 19 de septiembre había dejado en evidencia la vitalidad de ese circuito, donde el libro compartía protagonismo con la gráfica, el diseño, la ilustración y los oficios.
En una ciudad atravesada por una enorme oferta cultural, este tipo de encuentros también había permitido observar las formas alternativas de producir y compartir cultura. Boedo, con su historia estrechamente vinculada con la literatura y la edición, continuaba incorporando nuevas generaciones y nuevos lenguajes a una tradición que se había renovado con el paso del tiempo.
Entre libros, fanzines, estampas, diseños y objetos realizados a pequeña escala, la jornada había mostrado que la cultura independiente constituía un entramado dinámico, capaz de generar espacios propios de producción, encuentro y circulación. En Boedo, esa relación entre territorio, memoria y creación cultural había vuelto a expresarse el 19 de septiembre, en una jornada que reunió a distintos actores de la escena editorial y gráfica y que confirmó la vigencia de una identidad cultural profundamente ligada al barrio.
