El Pasaje Lanín, uno de los rincones más singulares del sur porteño, celebró su 25° aniversario con una jornada festiva que reunió a vecinos, artistas y visitantes en el corazón de Barracas. A lo largo de tres cuadras —entre Brandsen al 2100 y la avenida Suárez al 2001— este corredor artístico volvió a transformarse en escenario de encuentro comunitario, con actividades culturales, propuestas gastronómicas y música en vivo, en una celebración que reafirmó su lugar como ícono del arte urbano en la Ciudad de Buenos Aires.
Desde el mediodía del domingo 19 de abril, el pasaje se llenó de color, sonidos y movimiento. La apertura estuvo a cargo del artista plástico Marino Santa María, creador de la intervención que convirtió a este tramo barrial en una galería a cielo abierto. En sus palabras iniciales, destacó el valor colectivo de la obra y el rol de los vecinos, quienes fueron protagonistas fundamentales en la transformación del espacio urbano.
La celebración incluyó un almuerzo compartido entre residentes del pasaje, una práctica que reforzó el espíritu comunitario que caracteriza al lugar desde sus inicios. A lo largo de la tarde, se desarrollaron talleres de mosaiquismo para niños, también coordinados por Santa María, donde los más chicos pudieron experimentar con las técnicas que dieron identidad visual a las fachadas del pasaje.
La programación artística aportó ritmo y diversidad a la jornada. La Fanfarria del Capitán junto a Zeta Yeyati inauguraron el escenario musical, seguidos por el guitarrista Juan Pablo Esmok. Más tarde, el tango se hizo presente con el Dúo Eduardo Portela, mientras que el cierre estuvo a cargo de la Escuela de Música de Barracas, en una demostración del talento local que mantiene viva la tradición cultural del barrio.
El Pasaje Lanín nació en la década de 1990 como una iniciativa personal de Santa María, quien comenzó interviniendo la fachada de su taller. Lo que empezó como un proyecto individual se convirtió rápidamente en una obra colectiva: los vecinos, entusiasmados por el resultado, decidieron sumarse y cedieron sus propios frentes para continuar la intervención artística. Cada fachada fue pintada con diseños únicos, caracterizados por formas geométricas y colores vibrantes, y luego recubierta con venecitas que aseguraron su preservación a lo largo del tiempo.
El crecimiento del proyecto contó con el respaldo de diversas instituciones, entre ellas organismos públicos, entidades culturales y fundaciones, lo que permitió ampliar la intervención hasta alcanzar 40 viviendas. De este modo, el pasaje se consolidó como una referencia del arte urbano en la ciudad y un ejemplo de cómo la colaboración entre artistas, vecinos y organismos puede resignificar el espacio público.
A 25 años de su creación, el Pasaje Lanín no solo mantiene su potencia estética, sino que también refuerza su valor como experiencia cultural y social. Su permanencia en el tiempo demuestra que el arte puede ser una herramienta de transformación urbana, capaz de generar identidad, atraer visitantes y fortalecer el tejido comunitario.
La celebración del aniversario no fue solo un homenaje al pasado, sino también una reafirmación del presente y una proyección hacia el futuro. En un contexto donde el arte urbano continúa expandiéndose en distintas formas, el Pasaje Lanín se mantiene como una de sus expresiones más emblemáticas, recordando que detrás de cada intervención hay historias compartidas, trabajo colectivo y una profunda conexión con el territorio.
